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 El trabajo de la Universidad permite favorecer el tratamiento oportuno en casos en los que una persona recibe una radiación mayor a la esperada en hospitales, laboratorios o industrias
12 nov 2025Salud
 
 Dosimetría biológica
 
No hace ruido, no tiene olor ni color. La radiación es una fuerza que atraviesa las paredes y los cuerpos sin que nadie la note y deja su firma dañina en lo más profundo del ADN humano. 

En la actualidad, la ciencia ha aprendido a leer las huellas del daño de ese lenguaje invisible y, por supuesto, también el Instituto de Investigaciones en Salud (Inisa), de la Universidad de Costa Rica (UCR).

En sus instalaciones, el Inisa-UCR alberga el único laboratorio de dosimetría biológica del país y de Centroamérica, encargado de estudiar el efecto de la radiación en las células humanas y, así, recomendar los abordajes terapéuticos óptimos para ayudar al paciente.

“La dosimetría biológica significa medir la dosis de radiación que recibió una persona a partir de los efectos biológicos producidos por la exposición. Esta ciencia fue concebida para evaluar a las víctimas después de los accidentes nucleares, a fin de identificar los niveles de daño y planificar tratamientos adecuados”, expresó el Dr. Prakash Hande, biólogo molecular de la Universidad Nacional de Singapur, durante su visita al Inisa para impulsar el trabajo que la UCR realiza en este campo.

En efecto. Las bombas en Hiroshima y Nagasaki son un ejemplo de afectación nuclear. Después de las explosiones, las médicas y los médicos vieron que las personas afectadas fallecieron por una grave condición que llegó a denominarse como “síndrome de radiación aguda”. 

Años más tarde, Costa Rica también enfrentaría su mayor accidente radiológico en el ámbito médico, muy distinto al de Hiroshima y Nagasaki, pero con graves consecuencias.

Una mala calibración del equipo de tratamiento con cobalto en la Unidad de Radioterapia del Hospital San Juan de Dios, usada para tratar distintos tipos de cáncer, generó que 115 personas recibieran cerca de un 70 % más de la dosis de radiación que se tenía estimada. En ese momento, Costa Rica no contaba con un laboratorio de dosimetría biológica que midiera el impacto de esa irradiación en las personas. 

Desde ese entonces, las autoridades reguladoras y entes responsables en la materia se esforzaron por fortalecer el sistema de protección radiológica a nivel nacional, robustecer la regulación, mejorar la formación académica profesional y promover el desarrollo de técnicas para determinar con mayor precisión la exposición a radiaciones ionizantes. 

En ese último aspecto trabajó el Inisa-UCR y, con el liderazgo de la Dra. Isabel Castro, se logró establecer el primer laboratorio en dosimetría biológica en la UCR, con el fin de ayudar a proteger vidas, identificar a tiempo a las personas sobreexpuestas, planificar tratamientos y prevenir tragedias futuras.

Liderar esta capacidad consolida al Inisa-UCR como referente regional en la atención científica de emergencias radiológicas. Además, fortalece las competencias técnicas y científicas del país para investigar el amplio espectro de la biología de las radiaciones, generar evidencia que respalde los ajustes regulatorios e incorporar técnicas de biodosimetría en el monitoreo ocupacional”, destacó el Dr. Fabio Andrés Chaves Campos, coordinador del Laboratorio de Dosimetría Biológica del Inisa-UCR.

¡En buena hora! El conocimiento producido, indicó el Dr. Chaves, permite impulsar protocolos nacionales de vigilancia, prevención y respuesta. Con ello, Costa Rica refuerza su soberanía científica y amplía su capacidad estratégica en salud pública.

Dosimetría biológica

La evaluación del paciente con sobreirradiación siempre está a cargo de un médico tratante. A partir del cálculo de dosis realizado por el Inisa-UCR y de un informe con el resultado del análisis, el médico puede tomar las decisiones en cuanto al tratamiento por seguir. Foto: Archivo OCI.

El daño invisible

Ahora, contestemos una nueva pregunta. Si la sobreirradiación genera daños, ¿de qué depende su gravedad? Para el Dr. Hande, la magnitud de las afectaciones radica según la dosis recibida. 

En exposiciones altas, las personas pueden desarrollar el síndrome de radiación aguda y fallecer en pocos días. En dosis bajas, los efectos son más persistentes y pueden incluir mutaciones genéticas y cáncer a largo plazo.

Los estudios históricos de Hiroshima y Nagasaki, comentó el Dr. Hande, han mostrado que las generaciones posteriores también sufrieron consecuencias, como deformidades físicas, trastornos mentales y padecimientos. Por supuesto, la radiación no solo se asocia con grandes catástrofes nucleares. 

También existen exposiciones cotidianas en entornos ocupacionales, especialmente en industrias, laboratorios y hospitales. En algunos países de América Latina, comentó el Dr. Hande, las personas trabajadoras de las industrias han sufrido quemaduras graves al guardar fuentes radiactivas sin saberlo. Un caso así ocurrió en Bolivia.

En abril del 2002, se produjo un accidente con una fuente de radiografía industrial, la cual fue transportada como carga desde Cochabamba hasta La Paz en un autobús de pasajeros. 

Durante la mayor parte del trayecto, que duró ocho horas, el autobús viajó lleno de personas bajo una radiación imperceptible, pero con la fuerza suficiente para generar efectos profundos, comunicó el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

En la vida cotidiana, los efectos de la radiación pueden estar presentes en el personal médico y de imagenología, trabajadores de plantas industriales, así como en profesionales de la ciencia que viven cada día bajo pequeñas dosis de radiación.

El Inisa-UCR se encuentra en la capacidad de participar en la atención de posibles casos en los que se sospecha de una sobreexposición a radiaciones ionizantes. Para ello, tras recibir la referencia médica, se toma una muestra de sangre de la persona, por medio de la cual, luego de procesarla, estudiamos las frecuencias de aberraciones cromosómicas características por el daño a la radiación”, detalló el Dr. Chaves.

“Ese dato permite estimar una dosis a la que la persona estuvo expuesta y la información da la posibilidad de brindar una atención médica adecuada, así como estimar riesgos de los efectos en el corto y mediano plazo. Adicionalmente, estas pruebas pueden ser aplicadas para estudiar el monitoreo de la exposición crónica ocupacional, al evaluar el efecto de las radiaciones a nivel cromosómico a lo largo del tiempo”, amplió el experto de la UCR. 

¿Y los tratamientos? Depende de la dosis de radiación recibida. “Cuando la dosis es alta, hay que tratar de inmediato, incluso con trasplantes de médula ósea o terapias con células madre. Pero cuando la dosis es baja, el daño es silencioso y hay que vigilarlo por años”, aseveró el Dr. Hande.

Por el momento, las guías internacionales establecen límites de dosis. Si una persona los supera, debe ser retirada de la exposición y continuar con las evaluaciones para prevenir daños a largo plazo, puntualizó el experto internacional.

Así se hace en la UCR

¿Y cómo se efectúa el análisis en la UCR? Como ya lo explicó el Dr. Chaves. En el laboratorio de dosimetría biológica del Inisa-UCR se recibe una muestra de sangre del paciente, se procesa y, luego, se observan los cromosomas como si fueran un mapa. 

Mediante un equipo de alta tecnología recibido en el 2017, se capturan las imágenes de las alteraciones celulares de forma automática. En esto, se utiliza una curva dosis-efecto avalada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Con las imágenes captadas, las científicas y los científicos examinan cada figura celular, cuentan los cromosomas y anotan el número de cromosomas dicéntricos —aquellos con dos centrómeros—. Lo normal es tener solo uno. 

Al concluir ese estudio, se puede saber si una persona estuvo expuesta a radiación, cuánto tiempo aproximado y qué riesgos corre. 

“Que Costa Rica cuente con la fortaleza científica del Inisa-UCR frente a situaciones de exposición a radiaciones ionizantes evita la dependencia a laboratorios extranjeros, reduce tiempos de respuesta y fortalece la soberanía científica del país en la investigación de biología de las radiaciones”, expresó el Dr. Chaves. 

Por lo tanto, este servicio no solo constituye un avance técnico, sino que también se consolida como un recurso estratégico clave para la seguridad radiológica, la salud pública y la capacidad nacional de respuesta ante emergencias, enfatizó el especialista costarricense.

El siguiente paso

La tecnología está evolucionando y la UCR también. Las técnicas tradicionales, como la citogenética —que se enfoca en mirar los cromosomas y contar sus modificaciones—, están siendo complementadas con los análisis genómicos y de secuenciación, que permiten identificar qué vías moleculares son alteradas por la radiación y anticipar enfermedades antes de que aparezcan.

Por eso, ahora el siguiente paso para la ciencia es lograr un enfoque multiparamétrico, que evalúe diversos indicadores en una misma muestra. 

Desde la mirada del Dr. Hande, lo anterior permite conocer no solo el daño puntual, sino el estado global de las células y su funcionamiento, lo que ofrece una visión más completa para diseñar tratamientos. En esto se requieren especialistas altamente capacitados, como las y los físicos médicos que la UCR forma desde el 2010.

“Necesitamos más personas que elijan este campo, que lo estudien, que lo amen y que los países les garanticen estabilidad para que sigan en esto. No basta con aprender a medir, hay que saber interpretar”, concluyó el Dr. Hande.

La ciencia indica que la lactancia ayuda a regular el estrés, estabilizar el ánimo y mejorar la respuesta inmunitaria de la madre y el bebé

12 nov 2025Salud
 
lactancia materna

La lactancia materna ayuda a la madre a liberar oxitocina, una hormona que favorece la calma, fortalece el vínculo afectivo y reduce el riesgo de depresión posparto.

Foto: Anel Kenjekeeva.

Cuando una madre se dispone a alimentar a su bebé, inmediatamente ocurre algo más que un acto de nutrición. Se da vida a un vínculo que protege, calma y construye, tanto para ella como para el infante. Esto es la lactancia materna.

La lactancia materna es un proceso biológico que, más allá de proporcionar sus reconocidos beneficios nutricionales, es también una acción con grandes beneficios emocionales y psicológicos.

Así lo recordó la psicóloga clínica y perinatal Natalia Chinchilla Calderón, durante la novena jornada de promoción de la lactancia materna organizada por el Proyecto Prolamanco, del Instituto de Investigaciones en Salud, de la Universidad de Costa Rica (UCR).

En su conferencia “Lo que realmente necesitamos las madres en lactancia: implicaciones del apoyo psicosocial y su impacto en la salud integral de la díada mamá-bebé”, la especialista explicó que amamantar no es solo alimentar, es también cuidar la mente y generar satisfacción. La evidencia científica lo respalda.

Desde la psicología perinatal —ciencia que estudia los cambios mentales y emocionales que atraviesan las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto— se ha visto cómo la lactancia activa en el cerebro de la madre circuitos de apego, seguridad y placer que fortalecen la relación con el bebé.

“La lactancia es una forma de relación. En ella se construye el apego, se regula el estrés, se estabiliza el ánimo y se mejora la respuesta inmunitaria de madre e hijo”, explicó Chinchilla.

¿Y por qué ocurre esto? Por las hormonas como la oxitocina y la prolactina. La oxitocina se encarga de hacer bajar la leche y, al mismo tiempo, brinda una sensación de bienestar que reduce la depresión posparto, el estrés y la ansiedad. Por algo, a nivel coloquial se le conoce como la hormona del amor.

Por su parte, la prolactina tiene como función incentivar la producción de leche y, a nivel emocional, promueve la calma. Ambas hormonas, tanto la oxitocina como la prolactina, estimulan la producción de leche y actúan como antídotos naturales contra la ansiedad, el miedo y la tristeza.

“En la lactogénesis, la prolactina y la oxitocina son vitales. La oxitocina va a actuar sobre los circuitos cerebrales relacionados con el vínculo y apego, y disminuir la hiperactividad del sistema nervioso central. O sea, la oxitocina va a generar efectos antiestrés y, además, apoyar la lactancia materna”, explicó la especialista.

Por supuesto, hay varios estudios científicos que sustentan lo manifestado por la Dra. Chinchilla. Uno de ellos es el divulgado en el 2023 por la Revista chilena de obstetricia y ginecologíael cual indica que la prolactina ejerce influencia a nivel emocional y conductual en la díada madre-bebé.

“Por ejemplo, los niveles elevados de prolactina se han asociado a cuidados parentales de mayor calidad y a un efecto ansiolítico en la madre (en ciertos niveles)”, cita el estudio.

Otra investigación publicada en el 2023, por la Revista Cureus de Ciencias Médicas, expone que, en efecto, el impacto positivo de la lactancia materna en la salud mental de la madre es significativo, ya que se ha demostrado que reduce el riesgo de depresión posparto y ansiedad, justamente, por las hormonas como la oxitocina.

Madre con su bebé

La lactancia materna fortalece el vínculo afectivo entre madre e hija, mientras brinda al bebé defensas naturales que lo protegen de enfermedades desde sus primeros meses de vida.

Foto: Anel Kenjekeeva.

Un acto que necesita apoyo

Para obtener todos esos beneficios, se necesita tener las condiciones, aseguró Chinchilla.

Cuando una madre amamanta en un ambiente seguro, querido y acompañado, su cerebro libera estas sustancias que le permiten sentirse tranquila y conectada, mencionó la psicóloga. Este estado es el que, precisamente, le permite generar la leche materna y gozar de sus beneficios.

No obstante, en casos de estrés, juicios o soledad, el cuerpo de la madre puede responder con tensión, lo que ocasiona una disminución en la liberación de oxitocina y prolactina. Esto afecta, e incluso inhibe, la producción de leche materna. Para la psicóloga, esta situación es trascendental, especialmente, en el posparto.

Luego de dar a luz, muchas mujeres inician una etapa de alta vulnerabilidad emocional debido al ajuste hormonal propio de este momento o del postparto.  Es en esta fase llamada “transparencia psíquica”, cuando las mujeres son más sensibles a las emociones propias y ajenas.

Así, sin redes de apoyo, las madres pueden experimentar sentimientos de culpa, frustración o tristeza profunda, capaces de afectar la salud y el bienestar de  la madre y su bebé, así como a la familia y a la sociedad.

Como ya lo ha dicho en varias ocasiones la Dra. Lilliam Marín Arias, especialista en lactancia materna y salud materno-infantil, así como investigadora del Inisa-UCR y responsable del Proyecto Prolamanco, si un bebé no recibe lactancia exclusiva en los primeros seis meses, es más propenso a enfermarse con mayor frecuencia. Esta situación puede incidir en el desarrollo físico y emocional del menor, lo cual termina por afectar a la sociedad, pues incrementa la carga sobre los sistemas de salud y limita el potencial de desarrollo humano.

“Muchas madres se cuestionan si están haciendo las cosas bien. Algunas sienten arrepentimiento, miedo o enojo. Si no hay acompañamiento adecuado, esas emociones pueden transformarse en trastornos de salud mental como depresión, ansiedad o estrés postraumático”, advirtió la Dra. Chinchilla.

Por eso, el apoyo psicosocial —desde la pareja, la familia, las amistades y los servicios de salud— es esencial para garantizar el bienestar de la madre y el bebé. Los círculos de lactancia, los grupos de pares y el acompañamiento profesional ayudan a validar las emociones y fortalecer la autoconfianza.

Lactancia materna

Amamantar no solo nutre al bebé, también brinda bienestar emocional a la madre, al promover sentimientos de amor, seguridad y plenitud que fortalecen su salud mental.

Foto: Anel Kenjekeeva.
 

El proyecto Prolamanco (Promoción de la lactancia materna y la alimentación del niño y la niña menor de un año en la comunidad) es una iniciativa de extensión docente de la UCR impulsada por el Instituto de Investigaciones en Salud (Inisa).

Su objetivo es fortalecer la lactancia materna, la alimentación adecuada y el desarrollo temprano en los niños y niñas menores de un año en Costa Rica.

¡Amamantar en tribu!

Cada historia de lactancia es distinta. Algunas madres enfrentan partos complicados, bebés hospitalizados o condiciones de salud que dificultan el amamantamiento.

Otras, en cambio, deben volver al trabajo antes de los seis meses de posparto o viven en contextos de pobreza, migración o violencia.

Por eso, para la Dra. Chinchilla, es necesario no juzgar a quien no logra sostener la lactancia materna exclusiva. “El fracaso no es de la madre, sino del sistema que no brinda las condiciones necesarias”, subrayó la experta.

Entre esas condiciones están la falta de apoyo familiar, las licencias de maternidad cortas, la falta de espacios adecuados, el incumplimiento de normativa y la carencia de políticas de salud mental.

Estos son obstáculos que deben cambiarse para construir sistemas de apoyo sostenibles. Entonces, ¿qué hacer? La experta aseguró que lo que sigue es incentivar una cultura de empatía más robusta hacia las madres.

Dicha cultura de empatía debe incluir a las parejas, las familias y las comunidades en la educación sobre la importancia de la lactancia, su duración y mejora el bienestar de todos los involucrados. “Las madres necesitan sentirse vistas, escuchadas y comprendidas. Necesitan tribu”, manifestó la Dra. Chinchilla.

Por el momento, y mientras la sociedad construye entornos o cumple la normativa de protección de la lactancia materna, el llamado es a abrazar sin juzgar, a entender que maternar no es un camino solitario y que la salud emocional de la madre es también la del bebé. Aquí, solo se debe aprender una lección: cuando una madre se siente bien, su hijo o hija y la sociedad también lo estará.

  

Inisa-UCR

Una conversación con el Dr. Prakash Hande descifra los secretos de los telómeros, su relación con el cáncer y qué puede hacer Costa Rica al respecto.

 1 oct 2025

Salud

Hay relojes que no se ven, pero que marcan el paso del tiempo con una exactitud biológica impresionante. Muchos de estos relojes están escondidos a lo interno de nuestras células, algunos, en los extremos de los cromosomas, que son los encargados de determinar cuánto vive cada una de ellas.

Esos relojes a nivel celular se le llaman telómeros, y entender su comportamiento podría transformar para siempre la manera en que enfrentamos el envejecimiento y el cáncer.

Así lo compartió el Dr. Prakash Hande, un reconocido investigador en biología molecular y envejecimiento celular de la Universidad Nacional de Singapur, en su visita al Instituto de Investigaciones en Salud (Inisa), de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Durante su estancia en la UCR, el Dr. Hande compartió un conocimiento que mezcla lo invisible con lo trascendental, especialmente, sobre cómo los telómeros —una pequeña estructura del ADN al extremo de los cromosomas— pueden decidir la salud del cuerpo entero.

“Los telómeros son secuencias específicas de ADN repetitivo y tienen como principal función proteger directamente a los cromosomas. En un sentido más amplio, su objetivo es salvaguardar la estabilidad genómica de las células”, señaló el Dr. Hande.

Si lo contextualizamos en el ser humano, esta protección se extiende desde las células hasta los tejidos y órganos, lo que contribuye a la integridad funcional del cuerpo humano.

Por esta razón, indicó el Dr. Hande, los telómeros son esenciales para mantener la integridad estructural y funcional de los cromosomas, y con ello, la estabilidad genómica de la célula.

Pero, si esa estabilidad deja de existir, ¿qué podría pasar? Una respuesta es posiblemente la que está pensando: el desarrollo de un cáncer.

 

Un reloj con caducidad

 

Para entender lo anterior de mejor forma, volvamos a la biología básica. Recordemos que cada célula humana posee un total 46 cromosomas.

En cada extremo de cada cromosoma, un telómero funciona como un guardián silencioso que lidera la capacidad de una célula para dividirse, proliferar, replicarse o sobrevivir, según la longitud de sus telómeros. ¿Y quién mantiene esa longitud? La enzima telomerasa.

El problema acá es que no todas nuestras células poseen la enzima telomerasa. Las células somáticas —aquellas que componen la mayor parte del cuerpo humano, como las de la piel, músculos o hígado— carecen de actividad telomerasa y llegan a morir.

Por ello, con el paso del tiempo, sus telómeros se van acortando progresivamente, lo que conduce a un proceso conocido como senescencia replicativa; es decir, la pérdida de capacidad para dividirse y regenerarse.

Dicho proceso es un evento totalmente natural que marca el envejecimiento y, finalmente, la muerte celular. Esto es lo esperable y lo deseado. Pero a veces hay excepciones: las células cancerosas.

Las células que sí expresan telomerasa —como las células germinales, células madre o muchas células cancerosas— pueden mantener sus telómeros y, por lo tanto, evitar o retrasar la senescencia (muerte) celular. En otras palabras, se siguen replicando como si fueran inmortales.

“Aproximadamente, el 80 al 85 % de los cánceres humanos producen una enzima llamada telomerasa. Ella repara los telómeros e impide que se acorten. Así, las células tumorales pueden dividirse sin límite y volverse inmortales”, detalló el científico.

El Dr. Prakash Hande, investigador reconocido a nivel internacional, ha dedicado su carrera a estudiar los telómeros, esas diminutas estructuras que protegen los extremos de nuestros cromosomas y que determinan cómo y cuándo envejecen nuestras células.

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En términos más sencillos, el mismo mecanismo necesario para el envejecimiento de nuestras células es manipulado por el cáncer a fin de vivir para siempre. ¿Y podría haber una solución? Quizá sí.

Para el Dr. Hande, detener a la telomerasa podría convertirse en una terapia de precisión contra el cáncer y generar grandes beneficios.

Si se lograra, indicó el experto, se podrían evitar los efectos de los tratamientos tradicionales —como la quimioterapia— que destruyen tanto células sanas como malignas. Al inhibir la telomerasa, se podría atacar solamente las células de cáncer que la utilizan para volverse inmortales.

“Empecé a estudiar los telómeros casi por accidente. Primero, inicié en biología de la radiación, luego pasé a estudiar cromosomas y descubrí los telómeros justo cuando este campo nacía, en los años noventa. Me fascinó su papel en el envejecimiento y el cáncer. Era como mirar el reloj interno de la vida y, si logramos apagar esa enzima en las células tumorales, ellas dejarán de proteger sus telómeros y morirán”, comentó.

Saber esto es fundamental ante la larga esperanza de vida y un aumento en las cifras de vejez y envejecimiento que, lamentablemente, también se vincula con la aparición del cáncer.

De acuerdo con el Dr. Hande, a mayor longevidad, mayor probabilidad de enfermar, pues “el cáncer es una enfermedad asociada al envejecimiento. No es que haya más riesgo ahora, sino que vivimos lo suficiente para que aparezca”, explicó.

Por este motivo, entender el cáncer desde su raíz molecular es clave para cualquier país que aspire a mejorar su sistema de salud y, en esto, Costa Rica tiene un enorme potencial.

 

El potencial costarricense

 

Utilizar este tipo de conocimiento innovador en Costa Rica es una semilla que ya germina. Desde el Inisa-UCR, y otros centros de la UCR, se promueven proyectos de diagnóstico temprano, prevención y terapias innovadoras.

“En ese sentido, tenemos un esfuerzo desde diferentes institutos y centros de investigación que están desarrollando nuevas técnicas para avanzar en el diagnóstico temprano y en nuevos tratamientos. Este es un esfuerzo por fortalecer la base de conocimiento y desarrollar nuevas técnicas en nuestros laboratorios. Tenemos un largo camino por recorrer, pero estamos trabajando en ello, y esta visita del Dr. Hande es parte de estos esfuerzos”, añadió el Dr. Fabio Andrés Chaves Campos, de la Sección de Genética del Inisa-UCR.

Incluso, el Dr. Warner Alpízar Alpízar, biólogo molecular del cáncer, el Dr. Chaves y el Dr. Alejandro Blanco Saborío, incentiva el curso “Tópicos actualizados en diagnóstico, prevención y tratamiento del cáncer”, para que el país avance paso a paso hacia una mejora en el campo científico nacional. El curso se encuentra dentro del quehacer de acción social del Inisa-UCR.

“Costa Rica necesita una base de conocimiento. Primero, es necesario formar a estudiantes y a profesionales capaces de comprender y liderar esta investigación que, inclusive, puedan sacrificar el dinero por el bienestar colectivo, porque aquí no se gana mucho. Después, vendrán los equipos, los laboratorios, los tratamientos. Pero todo comienza con las mentes”, motivó el Dr. Hande.

Hoy, tras décadas de investigación, el experto está convencido de que los países que inviertan en ciencia básica serán los que logren entender, tratar y prevenir mejor las enfermedades del siglo XXI.

“El conocimiento científico requiere pasión, disciplina y sacrificio. No siempre ofrece grandes recompensas económicas, pero su valor está en servir a la humanidad. Los estudiantes deben elegir con el corazón: investigar para sanar, para prevenir, para cambiar vidas”, señaló el experto internacional.

Esta fue la primera visita del especialista a Costa Rica, quien manifestó su impresión con el entusiasmo y la receptividad de los estudiantes. Asimismo, resaltó que cada país tiene su propio contexto y debe enfocar su investigación en sus necesidades locales.

Así, quizá en algún momento el reloj invisible que late en cada célula, también puede marcar una nueva oportunidad para la ciencia costarricense, en la cual el conocimiento se convierta en salud, esperanza y vida.

 

Jenniffer Jiménez Córdoba
Periodista Oficina de Comunicación Institucional
Área de cobertura: ciencias de la salud
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